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CONVIVIR CON UN ADICTO

En algunas ocasiones dentro de los grupos de apoyo he escuchado a familiares de adictos decir que la situación es menos difícil para quiénes conviven con un adicto en relaciones de pareja, porque la solución es simplemente separarse y el vínculo se dehace, mientras que cuando el adicto es un familiar cercano (padre, madre, hijo(a), hermano(a) el vínculo es para toda la vida.

Aparte de que es muy claro el sentido de justificación y victimización existente en esa expresión, quiénes hemos experimentado una relación tormentosa de pareja con un adicto, sabemos que lo anterior no es totalmente válido, porque la dificultad para cortar un círculo adictivo es fuerte en cualquiera que sea el escenario que se desarrolle. Sin embargo, lo que sí es cierto en esto es que el vínculo familiar es prácticamente irrompible y es una situación con la que cada miembro debe aprender a convivir para evitar el daño.
Con respecto a este tema hemos editado este artículo que, si bien es cierto que se enfoca principalmente a nivel familiar, aplica también para quienes conviven en pareja con un adicto (recordemos que estamos hablando de adicción ya sea a sustancias, actividades como sexo o juego, personas-relaciones, conductas o alimentación)...

Es muy difícil que la familia admita que un miembro de su propia círculo es un adicto a relaciones dañinas sin que la enfermedad haya llegado a un punto crítico (lo que suele ocurrir hasta después de varios años). Una vez que se admite que la enfermedad existe, la familia usualmente espera todavía algunos años más antes de pedir ayuda profesional.

Los adictos pueden ser ayudados, si ellos así lo desean, y entre más pronto se pida la ayuda, más probabilidades hay de recuperación.

La adicción es una enfermedad que progresa rápidamente y puede llegar a causar la muerte. El síntoma más representativo es la NEGACIÓN, por lo que el adicto se encuentra dentro de una fase de resistencia a ser tratado. Si la familia acepta esta negación y se rehusa a romper esta resistencia del adicto, entonces se fortalecerá la barrera nociva, ya que el objeto de su adicción (llámese sustancia, persona, o actividad) es su bendición psicológica.

 

La recuperación comienza con la familia

El problema básico es adquirir conocimientos y después lograr la madurez emocional y el valor necesario para poner estos conocimientos en práctica. Las personas que son capaces de ayudar a los adictos fuera de la familia pueden confundirse y llegar a ser destructivos si un miembro de su familia llega a ser un adicto activo. Esto ocurre con más frecuencia si el adicto es la pareja.

En realidad la mejor manera de ayudar a que un adicto se recupere es removiendo la ignorancia, adquiriendo una actitud adecuada basada en el conocimiento y teniendo el VALOR de practicar estos principios directamente con el adicto.

Tratar de forzar al adicto a que deje de consumir sin primero aprender a cambiar uno mismo, simplemente hará la situación más difícil.

Inicialmente debemos entender que los problemas de la adicción no están en el objeto o actividad sino en las personas. Sin embargo, la recuperación no comienza hasta que el adicto se retira completamente practica la abstinencia continua.

Es aterrador ver cómo el adicto controla a la familia. La familia grita, llora, implora, reza y el adicto continúa consumiendo.

Los adictos son impulsados al progreso de la enfermedad cuando la familia es incapaz de hacerle frente a la ansiedad causada por el adicto. Esto es, en efecto, parte de la enfermedad. Ni el adicto ni su familia son capaces de enfrentarse a la realidad.

El adicto NUNCA aprenderá a resolver sus propios problemas en una familia responsable si la familia siempre soluciona el problema, sin antes hacer que el adicto se enfrente a él mismo o QUE SUFRA LAS CONSECUENCIAS.

Esta forma de actuar en casa aumenta la irresponsabilidad del adicto y por lo tanto la hostilidad, resentimiento y tensión entre él(ella) y la familia.

La familia debe evitar el enojo y la ansiedad pues estos contribuyen al progreso de la enfermedad. Los miembros de la familia deben aprender a enfrentarse a sus propios problemas antes de que cualquier efecto de los mismos llegue al adicto.

La ayuda más indicada que requiere el adicto es ajena a la familia: de profesionales, psicólogos, terapeutas, etc., El adicto puede seguir negando que tiene un problema e insistir en que no necesita ayuda mientras que la familia le proporcione un escape automático de las consecuencias de su conducta. La ayuda para el adicto y para la familia debe ser solicitada fuera del círculo de parientes y amigos, preferiblemente debe venir de personas entrenadas en esta área de trabajo.

Codependencia

Hemos leído tantas definiciones que nos cuesta mucho trabajo elegir una que nos diga claramente lo que es éste síndrome.

Los codependientes son personas muy comprometidas en sus apostolados y en su vida de fé, que están viviendo verdaderas tragedias en sus hogares y que están aceptando vivirlas con entereza. Sin embargo, al cabo de los años de "llevar su cruz" , caen en depresiones muy serias.

Analizando estas historias nos damos cuenta de que muchas de esas cruces podrían no existir o de que no habría necesidad de cargarlas si tan sólo la persona supiera como PONER LÍMITES , si pudiera expresar lo que siente y si tuviera conciencia de su propio valor como persona.

Límites

Los límites son reglas, normas ó acuerdos que dan tranquilidad y permiten una adecuada comunicación familiar y una vida más gobernable y sobria.

Poner límites significa definir las cosas que cada miembro de la familia debe realizar, lo cual implica el respeto hacia sí mismo y el responsabilizarse cada quien de su propia vida.

Los límites posibilitan el desarrollo y el trasgredirlos crea confusión, angustia e inseguridad. En la familia enferma no se respetan, no se establecen ó son demasiado rígidos, lo que significa ser cómplice de la enfermedad y cuando esto sucede los miembros de la familia se invaden uno a otros y no hay organización.

Los límites son personales y se necesitan para tener un orden interno; son un marco de referencia para saber hasta dónde llega la responsabilidad y compromiso propio en la relación de pareja, con hijos y con la sociedad.

Es importante saber que los límites pueden ser flexibles y negociables y que brindan armonía y paz espiritual.

Algunos ejemplos de límites son:

No permita que el adicto mienta y lo acepte como una verdad, porque al hacerlo usted alienta este proceso.
No acepte que el adicto se pase de listo, porque esto le enseña a evitar responsabilidad y perder el respeto por usted.
No deje que el adicto lo explote o tenga ventaja de usted porque al hacerlo usted se convierte en su cómplice en querer evitar la responsabilidad.
No regañe, culpe, amenace, discuta, alabe ó le facilite sustancias u objetos de adicción; usted se sentirá mejor.
No acepte promesas, pues es solamente un método de posponer el dolor. De la misma manera no confíe en los acuerdos en que llegue con el adicto; si hace un trato respételo.
No pierda su temperamento y con eso destruirse a sí mismo.
No cubra las consecuencias de su conducta.
No permita que al adicto consuma en casa de usted.
No preste dinero ni vehículos al adicto.
No delegue responsabilidades al adicto en donde esté de por medio dinero ó la reputación suya.

Y sobretodo, no desista en enfrentarse a la realidad de que la adicción es una enfermedad progresiva que va empeorando cuando el adicto aún activo, comience hoy a entender, a aprender y a planear LA RECUPERACIÓN. 

Editado por Paranosotras.com
Aporte de: Lailamar